Crónicas de la Justicia

Represión policial en La Plata

Violencia contra los hinchas: un mapa judicial por el “estrago” en el Bosque

A un mes y medio de la brutal represión en Gimnasia, la causa tiene cinco procesados y un imputado. Un muerto y un herido grave son el saldo de otro episodio de violencia policial en el fútbol, signado como siempre por el pase de pelota entre acusados y la sensación de que, en cualquier momento, un encuentro deportivo puede transformarse en una noche de terror.

 

Por: Mariana Sidoti Gigli
Foto: Nico Freda / Capturas TV
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“Gracias a Dios el destino quiso que ese día yo fuera solo”. 

Sergio “Lolito” Regueiro sigue agradecido por no haber llevado a su hija de 10 años al Bosque la noche del 6 de octubre. Casi siempre iba a ver al Lobo con ella, pero esa vez fue con un amigo: ya se encontraría con su papá, César “Lolo” Regueiro (57), y sus hermanas más tarde o después del partido contra Boca. 

“El Bosque era una fiesta hasta que pasó todo”, dice a Perycia. Una fiesta: la previa y los nueve minutos que llegaron a jugarse del partido Gimnasia-Boca de la Liga Profesional de Fútbol antes de que los gases lacrimógenos invadieran el estadio Juan Carmelo Zerillo, en La Plata.

El saldo concreto de la represión fue el siguiente: 

Una muerte, la de César “Lolo” Regueiro, un fanático del Lobo que tuvo un paro cardiorespiratorio, en un Bosque signado por la violencia y el aire viciado. 

Un herido grave, Rodrigo Arballo, que perdió el ojo a causa de un balazo. 

Su pareja, Gisela Coppa, que recibió nueve postas de goma por la espalda mientras trataba de levantarlo. 

Más de 400 cartuchos de balas de goma de escopeta que los peritos de la Científica de la Policía Federal Argentina (PFA) levantaron de las inmediaciones. 

“Si salgo es un peligro, es peor que el gas”

Sergio dice que lo primero que vio, desde la platea Centenario en donde estaba, fue “humo blanco” en la tribuna H, la popular visitante. Era gas lacrimógeno y lo identificó enseguida. Pensó con la lógica de un trabajador de fuerzas de seguridad, ya que pertenece al Servicio Penitenciario Bonaerense. 

“Me quedé tranquilo, a veces pasa que hay una reyerta y la primera opción es tirar gas, solo si se va de las manos se usa la escopeta. Pero llegó un momento en que sentí que me iba a morir”. Quiso salir por una de las puertas, un embudo de gente se lo impidió; comenzó a escuchar detonaciones afuera. “Pensé: si salgo es un peligro, es peor que el gas”. 

Así que, como tantos y tantas otrxs hinchas esa noche, “Lolito” decidió bajar al campo de juego. Puede verse en el abundante registro fotográfico cómo hombres y mujeres rompieron el alambrado para entrar al césped y resguardarse, además de proteger a los y las niñas que habían ido a ver el partido y terminaron siendo víctimas de la represión. 

Recién entonces a Sergio le llegaron varios mensajes y un audio de su hermana, que le contaba entre sollozos la noticia que horas más tarde conocería la ciudad entera. Él, negado, manejó como pudo hasta el hospital San Martín. 

El mapa judicial 

Estrago culposo, artículo 189 del Código Penal, agravado por causar la muerte de una persona. Un delito imputable con entre un mes y cinco años de prisión. Esto implica  haber causado un daño masivo sin intencionalidad, en este caso agravado por la muerte del hincha. Es la figura central que se trabaja en la causa que lleva el fiscal Juan Menucci de la UFI N° 5 de La Plata. 

Este cargo, primero se le imputó a Juan Gorbarán, ahora ex comisario de la Novena (removido tras la represión), que tenía jurisdicción en la zona de la cancha. Unas semanas más tarde a Gabriel Pellegrino (presidente del Club Gimnasia y Esgrima de La Plata), Eduardo Aparicio, presidente de la Agencia de Prevención de la Violencia en el Deporte (Aprevide), y Sebastián Perea, jefe de la Departamental La Plata, por el rol que cada uno de ellos cumplió (o no) en el evento. 

Para el fiscal, quedó acreditado que “al menos cuatro personas, de distintas posiciones, se erigieron como organizadores, responsables y garantes de la seguridad” del público asistente al partido, y que “ninguno cumplió como era de esperarse no solo socialmente, sino legalmente. (…) Si bien cada una de las negligencias atribuidas de forma independiente no termina de explicar el  resultado, su sumatoria sí lo hace. El hecho es reprochable a todos ellos como una unidad, por lo que todos son autores”.

Menucci no acusó por “estrago doloso” —es decir intencional— como había dispuesto su par Martín Almirón en los inicios de la Investigación Preliminar Preparatoria (IPP), que podría implicar hasta 20 años de prisión. 

Antes de ser recusado por tener una amistad con Gabriel Pellegrino (presidente del Club Gimnasia y Esgrima de La Plata) por el abogado defensor de uno de los policías implicados, y de dar un paso al costado, Almirón pidió los procesamientos y detenciones de Gorbarán por estrago doloso y de Nahuel Falcón, el agente que le disparó tres balazos a quemarropa al camarógrafo de TyC Sports, por lesiones leves agravadas. El segundo fue rápidamente puesto en libertad, por tratarse de un delito excarcelable. Pero la acusación se mantiene.

En la causa, el juez de Garantías Agustín Crispo solo le permitió actuar como “particular damnificado”, es decir impulsar la investigación, a la familia de Regueiro y a la pareja agredida por la policía. Y rechazó de plano los pedidos para configurarse como tal del club Gimnasia y Esgrima de La Plata, del ministerio de Justicia y Derechos Humanos bonaerense y de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM). 

Con el cambio de fiscal, a principios de noviembre, el presidente de G.E.L.P. terminó imputado y más tarde procesado; también el titular de la Agencia de Prevención de Violencia en el Deporte (Aprevide), Eduardo Aparicio, y Sebastián Perea, que estaba al frente de la Departamental La Plata desde hacía apenas horas y tenía a cargo de supervisar el operativo. Francisco Di Nardo, funcionario de la Aprevide que estuvo aquella noche en el Bosque junto a Aparicio, hasta el momento está imputado en la causa pero no fue procesado.

Perycia pudo saber que la línea de investigación de la Fiscalía gira en torno a posibles delitos cometidos por negligencia o incumplimiento de deberes y funciones, previstos en normativas como la ley que rige la seguridad de Espectáculos deportivos y su decreto reglamentario 1863/02. De allí se desprende la responsabilidad directa de las cabezas de las instituciones, tanto la policial como de Aprevide y Gimnasia, por la falta de previsión del riesgo de semejante partido y la precariedad de las medidas de seguridad tomadas para proteger la integridad de los y las hinchas. Descartan por el momento la hipótesis de una interna policial, difundida informalmente y a través de medios de comunicación, por falta de indicios, aunque aseguran que todo está siendo evaluado. 

Consultados por Perycia sobre agentes desafectados o sumariados a raíz del hecho, ni el Ministerio de Seguridad ni la Auditoría General de Asuntos Internos (AGAI) aportaron información. Aquella noche, unos 350 efectivos de la Policía Bonaerense y cerca de 96 agentes de infantería habían sido convocados para el operativo.

Por ahora, el policía que baleó al camarógrafo Fernando Rivero es el único que enfrentará cargos por los disparos.

Un reclamo contra la impunidad

Si hubo o no sobreventa de entradas es, por supuesto, otra de las cuestiones que la Justicia intenta resolver. Gustavo Galasso, el abogado de Rodrigo Arballo (hincha que perdió la visión de un ojo a raíz de la represión), afirma que se vendieron entradas de más y que circulaban gratuitas, “de protocolo”. De hecho aportó a la Justicia unas 50 que fueron halladas en medio de la calle, post represión. Para él “esto es un hecho delictivo en la cancha; y el responsable principal que organizó el evento fue Gimnasia, con Pellegrino a la cabeza. Después están el responsable del evento a nivel provincial, el Aprevide (Aparicio, Di Nardo), el responsable del operativo (Perea) y quien tenía a cargo la comisaría (Gorbarán)”.

“Esos son los responsables y para mí se olvidaron de la Unión Trabajadores de Entidades Deportivas y Civiles (Utedyc), responsables de los accesos e ingresos de los estadios deportivos. Por ese tema vamos a presentar un escrito”, dice Galasso. Con los elementos que reúne la causa y tras haber solicitado a Gimnasia y a la AFA información sobre el seguro de espectador, el letrado pretende iniciar una demanda de daños y perjuicios: Arballo pasó por dos hospitales para tratarse la lesión en el ojo y la fractura de maxilar, pómulo y órbita, y desde aquella noche no puede trabajar conduciendo el transporte de escolares que manejaba junto a su madre. De hecho, toda su vida se dedicó a conducir micros y camiones y desde el 6 de octubre no puede generar ingresos. Su agresor aún no está identificado.

Julián Rimada, abogado junto a Marcelo Peña de la familia de Regueiro, dice que sus representados “entienden que debería haber más responsables, y obviamente quieren identificar a cada uno de los policías que arrojó gases, porque consideran que fueron creadores de ese contexto”, por demás propicio para la muerte de “Lolo”. 

Según la autopsia inicial, la causa del fallecimiento fue un “paro cardiorespiratorio no traumático” (es decir, sin golpes ni traumas físicos). Por eso, además de pedir la historia clínica al Hospital San Martín y otras medidas para determinar los motivos de la muerte del hincha, Rimada  solicitó una nueva autopsia, en la que intervinieron peritos médicos de la Asesoría Pericial, de la defensa y también de la familia. 

El resultado final, si bien no contradice la mecánica de fallecimiento, aportó la presencia de lesiones en la nuca (región occipital) que no se habían descrito en la primera instancia. La segunda autopsia era un reclamo que la familia del hincha fallecido venía haciendo desde el comienzo de la instrucción: una de sus hijas declaró que había llegado a ver sangre en la cabeza de “Lolo” y la familia aportó a la Justicia la camiseta que había usado esa noche para ir a ver el partido, visiblemente ensangrentada. 

No fue una excepción

Pellegrino, ahora presidente saliente de Gimnasia, negó públicamente y desde un principio haber vendido más entradas de las previstas, algo que la Fiscalía sigue investigando mientras estudia videos de cámaras de seguridad de la cancha y otros aportados por particulares, sumado a la documentación que secuestró del club en un allanamiento. 

Tanto Sergio Berni, ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, como Aparicio, el presidente de Aprevide, sostienen la versión de la sobreventa. «Venden entradas de más y después nadie se hace cargo», sentenció el ministro; “esto nada tiene que ver con nosotros, estamos investigando la sobreventa de entradas y vamos a ir hasta las últimas consecuencias”, advirtió Aparicio. Él —junto a los demás procesados— está citado a declarar a fines de diciembre.

Los “disturbios” fueron otro de los motivos que se esgrimieron para, sí no justificar, dar cuenta del por qué de la represión policial. El titular de la Aprevide dijo en declaraciones televisivas que “en las imágenes vimos a socios e hinchas de Gimnasia que estaban haciendo la cola ordenadamente para ingresar al estadio; pero después, cerca de la puerta principal, tanto del acceso general como de la platea, había 300 jóvenes, los violentos de siempre, que comenzaron a tirar piedras al cuerpo policial, y ahí se desató la represión”. 

Sin embargo, las declaraciones de funcionarios policiales, hinchas y trabajadores de Gimnasia que constan en la causa dan cuenta de que, además de piedrazos, hubo disparos y granadas lacrimógenas lanzadas por debajo de los portones cerrados. Personal médico del SIPEM declaró haber atendido a numerosas personas con cuadros de insuficiencia respiratoria leve y moderada.

Ocho mayores de edad fueron, según información oficial del ministerio de Salud bonaerense, tratados en hospitales bonaerenses por lesiones producto de la brutal violencia policial. Decenas de niños y niñas vivieron una situación extrema y traumática en lo que debía ser “una fiesta”. Y semejante tragedia tiene antecedentes. 

En 2013, también en La Plata, el hincha de Lanús Javier Geréz resultó muerto de varios balazos de goma a manos del policía bonaerense Roberto Lezcano. Lanús jugaba ese 10 de junio contra Estudiantes en el Estadio Único, y por la represión el partido debió ser suspendido en el entretiempo. El policía fue imputado por homicidio con exceso en la legítima defensa, pasó dos días detenido y en 2016 fue absuelto. Por disposición de la AFA aquellafue, salvo contadas excepciones, la última vez que se jugó un partido con visitantes. 

Pero muy poco cambió. A nueve años de ese hecho, aún con espectáculos limitados a la hinchada local y acuerdos previos a cada operativo, la historia parece repetirse. 

“Me mataron a mi papá y yo no quiero volver”

“Para ellos somos ignorantes pero mirá hasta dónde llegamos. Gracias a Dios estamos fuertes y unidos. Hablamos con el fiscal y sí, al principio yo estaba medio exaltado, porque llega un momento que parece que te están tomando el pelo… Mientras afuera siguen embarrando la cancha, entonces ¿cómo voy a estar tranquilo?”. 

“Lolito” se refiere así a la respuesta que tuvo de parte de todas las entidades e instituciones que intervinieron en la organización del operativo de seguridad. Y en particular al ministro de Seguridad de la provincia, Sergio Berni, a quien señala por haber salido a defender a la policía minutos después del hecho, y afirmar que su papá tenía problemas cardíacos, cuando no tenía antecedentes registrados.  

“Puedo ser muy hincha de chiquito, y mi papá era muy hincha también, fuimos a todos lados. Él ha viajado a Paraguay, a Brasil, a todos lados seguíamos a Gimnasia. Pero ahora me mataron a mi papá y yo estoy ofendido. No con los jugadores, pero sí con la dirigencia actual, porque esto nos podía haber pasado a cualquiera y yo no quiero que quede en la nada”, resume el hijo de “Lolo”, a cuyo pedido de justicia se sumaron platenses y argentinos en general, sin distinción de colores ni banderas. 

“Entonces sinceramente no, no tengo ganas de volver a la cancha. Sé que mi papá estaría enojado porque él decía que el Lobo no abandona. Pero estoy ofendido, y tengo… No sé si miedo, pero no volví adonde pasó todo. Solo quiero saber la verdad”. 

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