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Violencia institucional

Opinión

Apuntes para leer el jujeñazo

El conflicto en Jujuy continúa abierto y puede terminar mal. El lanzamiento del gobernador Gerardo Morales para la vicepresidencia de la Nación, confirma que las prácticas represivas garpan electoralmente y el odio es la estrategia de acumulación política de las derechas. ¿Qué salida propone la política democrática?

Por: Ana Cacopardo
Foto: Mesa de Comunicación Popular de Salta y Jujuy
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Escribo estas líneas mientras todavía hay personas detenidas arbitrariamente por ejercer su derecho a la protesta. Conmocionada por las balas de goma en los rostros y los cuerpos de los manifestantes. Por las postales de las fuerzas de seguridad pateando puertas y moviéndose en camionetas sin identificación pertenecientes a contratistas del Estado provincial. Veo las imágenes con perplejidad. Me angustian. Pero lo que más me angustia es que puedan no escandalizarnos. O peor aún: que sean un horizonte deseable para una parte de nuestra sociedad. Escribió el sociólogo Zygmunt Bauman: “Cruzaremos el puente cuando lleguemos a él”.  ¿Estaremos cruzando el puente?  

Escribo mientras centenares de comunidades indígenas aguantan temperaturas bajo cero en las noches interminables de los cortes de ruta. Saben que la reforma constitucional es una herramienta para el despojo territorial y los negociados con el litio. Traen las lógicas de la propiedad comunitaria de la tierra y del derecho a la consulta. Vienen a decirnos que el cuidado de la Pachamama no es folklore ni postal para el turismo. No quieren ser convidados de piedra. Enfrentan los discursos racistas y estigmatizantes de siempre: piqueteros, atrasados, ignorantes. Tienen la firmeza de los justos. 

Escribo haciendo memoria: en 1997 la Carpa Blanca de los docentes nacionalizó la lucha contra el ajuste y el desfinanciamiento educativo del menemismo y articuló una trama de resistencia a las políticas neoliberales. De la misma forma en Jujuy, fueron los docentes de todos los niveles los que salieron a la calle para pedir salarios dignos y denunciar una reforma constitucional hecha a espaldas del pueblo. Desafiaron el miedo y las intimidaciones de Morales a sus gremios. Contagiaron el coraje y ampliaron una lucha que hoy articula a sectores amplios y diversos del pueblo jujeño: comunidades indígenas, sindicatos, trabajadores mineros, gauchos, organizaciones sociales, gente de a pie.  Las antorchas que portan en sus marchas iluminan la democracia deliberativa y repudian la democracia de los pactos de palacio entre el radicalismo de Morales y el peronismo de Rivarola. Le recuerdan al gobernador que el voto popular jamás es un cheque en blanco. 

Escribo con la constatación de que las prácticas represivas garpan electoralmente y el odio es la estrategia de acumulación política que eligen las derechas. En Jujuy Milagro Sala lleva 7 años presa y su carcelero salta al escenario nacional como candidato a la vicepresidencia. “Un tipo de acción, no le tiembla el pulso. Demostró su temple esta semana” dijo de él Horacio Larreta.

Escribo mientras en las redes se multiplican las imágenes de Jujuy que contribuyeron a romper un obsceno blindaje informativo. Siguiendo la escuela de los carabineros chilenos la policía jujeña gaseaba a los manifestantes y direccionaba las balas de goma a los rostros. Ni estas imágenes ni las previas de las masivas movilizaciones docentes merecieron una crónica en los medios hegemónicos nacionales. Primero fue la invisibilización y  luego una narrativa mentirosa que evitó contar las causas del conflicto e hizo foco en los hechos aislados de violencia con la única preocupación de deslegitimar la protesta.  Jujuy también viene a decirnos que con un ecosistema de medios tan concentrado la esfera pública democrática hace agua.

Escribo con una preocupación urgente: el conflicto jujeño continúa abierto y puede terminar mal. No se vislumbran gestos de la política democrática que abran un camino de salida. Necesitamos más cuerpo y menos twitter. Ese es el imperativo del momento.

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