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Hablar, 29 años depués

Cómo denunciar abusos que sufriste en la niñez

M. fue abusada sexualmente en su adolescencia y recién con 43 años pudo denunciarlo. “Con el tiempo entendí que aquel bloqueo no fue otra cosa que supervivencia, la herramienta para seguir con mi vida”, dijo cuando fue a la justicia en 2024. Finalmente, su abusador acaba de ser indagado como imputado. ¿Cómo exteriorizar lo vivido y encontrar dónde alojarlo? El rol del movimiento feminista en tiempos de discursos fascistas que desacreditan a las víctimas.

Por: Martina Wall*
Foto: María Paula Avila y Colectivx Sado
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*La autora es una de las abogadas de M., junto a su socia Sofía Caravelos, del estudio CW Abogadas.

Publicada 13/02/2026

Los primeros encuentros en el estudio con quienes necesitan hacer una denuncia por delitos de abuso sexual en la infancia suelen ser muy movilizantes. Quienes deciden seguir adelante deben tomarse el tiempo de reconstruir, muchas veces detalladamente, lo sucedido. A comienzos del 2024 comenzamos a trabajar con M., una mujer platense de 45 años que quería denunciar por graves hechos de abuso sexual ocurridos hace 29 años, a quien en aquel momento era la pareja y conviviente de su madre. 

En uno de esos encuentros, conversamos acerca de la potencia de la escritura, como un ejercicio interno pero también como una manera de comenzar a exteriorizar aquello que tantos años estuvo callado (incluso olvidado). Continuamos con el trabajo hasta finalizar la denuncia, y el día que la presentamos, nos mandó un archivo junto con el siguiente mensaje:

“Quiero mandarles unas líneas que escribí, es cortito, sobre cómo sobrellevé y sobrellevo este proceso desde que empecé a hablar sobre el abuso”

Como forma de continuar aquel ejercicio, y también reivindicando el recorrido de M. hasta la actualidad, entendemos valioso y necesario compartir experiencias de personas que hayan sufrido abuso sexual en la infancia y lo hayan denunciado siendo adultas. Desde el plano judicial, pero también apuntando al recorrido interno y los apoyos con los que es necesario contar para poder llegar a finalmente expresar lo sucedido. Entendemos a la denuncia más allá de lo estrictamente judicial, como “el modo en que damos expresión a algo… La palabra expresión viene de la presión: expresar algo es empujarlo hacia afuera” (Sara Ahmed, 2010). 

“Después de varios años de haber bloqueado todo lo relacionado al abuso, un día en terapia, lo recordé, lo desbloqueé. Con el tiempo entendí que aquel bloqueo no fue otra cosa que supervivencia. Fue la herramienta que encontró mi inconsciente para que pudiera seguir con mi vida… Lo dije, lo puse en palabras, intentaba relatar mientras simultáneamente veía en mi mente por primera vez esos recuerdos como una película, pero cuando se trata de recuerdos no son sólo imágenes, es como si uno volviera a estar ahí.…Tan explícito que duele cada vez

M. denunció en la justicia platense los abusos sexuales que sufrió en su niñez/adolescencia por parte de quien entonces era la pareja y conviviente de su madre. La Unidad Fiscal 2, a cargo de Betina Lacky, encabezó la investigación, y el lunes 9 de febrero pasado, el acusado fue citado a prestar declaración como imputado. Los hechos están calificados como “abusos sexuales con acceso carnal, agravados por ser el agresor encargado de la guarda de hecho que ejercía en el marco de la convivencia familiar, gravemente ultrajantes por su duración y modalidad de ejercicio”.

Retomando aquella definición de denuncia que propone Sara Ahmed en su libro “¡Denuncia! El activismo de la queja frente a la violencia institucional”, es clave entender que el modo en que estas denuncias son llevadas a cabo resulta determinante. Desde el enfoque jurídico, es importante contar con un relato robusto que permita entender lo sucedido y también el contexto, enmarcado en la normativa vigente, ya que será el punto inicial sobre el que se van a comenzar a investigar los hechos. Lo recomendable es realizarla con un profesional que pueda dar cuenta de esta importancia y sea quien estructure y guíe el relato. En caso de no poder contar con asesoramiento legal, es importante tomarse el tiempo previo a realizar la denuncia en la comisaría para ordenar el relato, y una vez allí, asegurarse que lo relatado se refleje en lo escrito por el oficial que está tomando la denuncia. Este primer acto procesal es fundamental. 

El trabajo hacia la denuncia comienza mucho antes. Es importante entender que ese recorrido a veces se vuelve muy difícil de transitar. 

«Y de repente un “ruido” constante que me ocupaba la cabeza, y la incertidumbre de cómo lidiar con eso. Absolutamente abrumada, llena de vergüenza y culpa, intentando entender cómo permití que me pase. Queriendo por momentos no haber recordado nada.»

Como le sucedió a M., el cuerpo y la mente suelen olvidar por años el evento traumático. Y si bien otras veces no sucede, quizás lleve tiempo y trabajo entenderlo como lo que fue. También es necesario entender que la vida de las víctimas de ASI continúa, unx puede ser capaz de construir una vida propia y tener proyectos, aún con esa carga interna que se vuelve una parte de lo que una es, pero no es todo lo que unx es.

«Después la vida siguió, y ese ruido también, presente cada vez que se tocaba un tema similar, o se nombraba a alguien que se llamaba igual que mi abusador, Osvaldo. Pero todavía sin poder hacer demasiado al respecto. Aún no me sentía preparada para enfrentar la situación y todas sus consecuencias. Entonces seguí adelante, intenté tener una vida lo más “normal” posible, sabiendo que había una parte que volvía a estar silenciada. Sólo lo sabían pocas personas.»

Pero cuando sí llega el momento de querer hacer algo al respecto con aquello que se vivió, se vuelve necesario contar con un entorno que aloje y acompañe esa decisión. Contar con un espacio terapéutico es uno de los pilares en este proceso. M. en ese sentido expresa:

“Llegó un punto en que el silencio me aturdía. Cuando comencé terapia con Ana, en 2014, encontré el espacio para empezar a trabajar con lo que me había pasado. Necesitaba empezar a enfrentarme a la vergüenza que sentía, a la culpa, al enojo. Necesitaba poner a cada uno en su lugar. Y nada de eso fue fácil. Cuando empecé a entender lo que me pasó me deshice.”

Además del entorno cercano y el acompañamiento profesional, el contexto social juega un papel fundamental. Con la avanzada de discursos fascistas y anti derechos, se vuelven a cuestionar los testimonios de mujeres que sufrieron abusos y violencias. “Los sujetos estigmatizados por prejuicios identitarios negativos pueden no ser considerados como sujetos capaces de transmitir información confiable y, por ello, sus testimonios son injustamente desacreditados” (Fricker, 2017).

«Me pasó que la veía a Thelma Fardin contandolo y lloraba desconsolada. Creo que más que por lo que contaba ella, era por lo que opinaba el resto… ´qué hacías vos con un tipo sola en la habitación..’ ‘que tenías puesto”.. “y ahora lo viene a contar.. esta busca otra cosa..’ esas cosas.» 

Sin embargo, las luchas y reclamos de los feminismos vinieron a instalar en la sociedad premisas que ponen límites a los comportamientos abusivos, se construyeron nuevas maneras de posicionarnos colectivamente frente a estos conflictos, y seguimos luchando para que se entienda que ya no hay vuelta atrás.

El #niunamenos, la lucha por el aborto legal a nivel regional, el movimiento “no es no” y la reivindicación de la ESI como pilar fundamental en las escuelas para el crecimiento saludable de las niñeces, especialmente para la detección de casos de abusos, lograron poner un freno a la impunidad y el silencio que suele caracterizar este tipo de hechos. Gracias a ello, y a la masividad que tomaron ciertas denuncias, otras personas que sufrieron abusos identificaron que se habilitaban espacios de validación y escucha para poder reclamar ante estas violencias.

“Luego de recordar lo que me había pasado, si veía una noticia en la tele empezaba a entendery cuestionar un poco más esto de «ahora vienen a denunciar».. Una empieza a darle como otra mirada a lo que escucha… En el momento en que me pasó a mí, no se hablaba tanto en la tele como ahora.«

Creemos necesario redirigir los interrogantes que muchas veces pesan sobre las víctimas hacia los acuerdos sociales que construyen estas narrativas habilitantes. ¿Que somos capaces de tolerar como sociedad? ¿Por qué los crímenes de género se invisibilizan? ¿Qué “mensajes” culturales se pueden dar desde los poderes de un estado que propicia la tolerancia de esos crímenes? 

Yo no quiero venganza…Quiero dejar de ser yo quien cargue con las consecuencias de lo que me pasó”.

“Que nuestras historias de denuncia den vueltas en nuestras cabezas puede resultar difícil. La sensación puede ser de mucho movimiento pero poco avance. Contarle a alguien la historia de tu denuncia se vuelve muchas veces el modo en que esa historia vaya hacia alguna parte. Devenir un oido feminista es dar a las denuncias un lugar adonde ir” (Sara Ahmed, 2010)

Denunciar no es solo un acto judicial. Es un proceso individual y colectivo que cuestiona las prácticas estructurales que como sociedad sostienen los abusos sexuales y otros crímenes de género, para poder transformar nuestro presente y futuro.

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