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Rosalía Reyes, el peso de todos los infiernos

Que es mala madre. Que siendo pobre, con 4 hijos de padres ausentes se le da por tener otro. Que trabaja 16 horas por día y no está nunca en casa. Que el parto no fue espontáneo, sino premeditado para matar a su bebé. Que es una criminal. Lo peor de la justicia machista golpea a Rosalía Reyes, presa desde junio. Una condena emblemática de Bahía Blanca rechazada por organismos públicos y 60 organizaciones. Audiencia clave en el día del paro feminista.

Por: Verónica Liso
Foto: Ilustraciones Juan Bértola
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9/3/2020

La noche del 18 de mayo del 2005, Rosalía llegó a su casa después de trabajar desde las 5 de la mañana hasta las 9 de la noche en el frigorífico de pollos La Gleba. Vivía en Argerich, un pueblo rural de ochenta habitantes, a 30 kilómetros de Bahía Blanca. La esperaban cuatro hijos de doce, ocho, cinco y un año. Los padres de esos hijos, dos hombres violentos, ya no estaban en su vida. Esa noche Rosalía se fue a dormir temprano.

A las 23.30 la despertó el dolor. Corrió al baño y sintió las contracciones, fueron dos, y después se desmayó. Se despertó tirada en el baño, había tenido un parto espontáneo. Lo primero que escuchó fue la voz de su hija mayor repitiéndole que no se muriera. Rosalía le pidió que trajera un cuchillo y cortó el cordón umbilical. Empezó a desangrarse. Su hija le trajo un rollo de hilo y como pudo frenó la hemorragia. Se levantó, buscó a la bebé que acababa de parir. Estaba fría. La envolvió en una manta, se la puso en el pecho, y aferrada a la mano de su hija, volvió a la cama.

A las 4 de la mañana volvió a despertarse con mucho dolor, llena de sangre, su sangre. Volvió al baño y despidió la placenta, la puso en una bolsa negra junto al cuerpo sin vida de su bebé y la sepultó en el patio.

Al mediodía Rosalía se fue a trabajar.

2007, el primer juicio

La hija de Rosalía, que en ese momento tenía 12 años, estaba asustada por todo lo que había pasado esa noche en su casa. Llamó a la psicóloga con la que se atendía en el Servicio Local, Patricia Fernández, y le contó todo. Fernández decidió romper el secreto profesional y denunciar lo que su paciente le dijo. Después explicó que lo hizo porque consideró que había menores en peligro. Esa misma tarde la policía allanó la casa familiar, encontró el cuerpo de la bebé y detuvo a Rosalía. 

Estuvo presa un año, hasta que en el 2006, el abogado defensor que tenía en ese momento logró que la dejaran esperar el juicio en libertad. El fiscal Christian Long la acusó de asesinar a su bebé de forma premeditada. En el 2007 empezó el primer juicio. Ahí Rosalía escuchó que se la acusaba de homicidio agravado por el vínculo y que el fiscal pedía la cadena perpetua. Fue a todas las audiencias menos a la última.

Andrea Reyes, su hermana, le cuenta a Perycia que antes de la sentencia le preguntó:

—¿Vos estás segura de lo que vas a hacer?

—Sí, yo me voy.

Rosalía estaba aterrada por la posibilidad de ser condenada. Sus hijos eran muy chicos y Rosalía sabía cómo era quedarse sin mamá. La suya la había abandonado cuando tenía siete. Ella y sus seis hermanos quedaron a cargo del papá, que trabajaba como empleado en la Universidad Nacional del Sur (UNS). Se criaron solos. Andrea recuerda que Rosalía cocinaba lo que podía.

Y se fue.

Antes de la condena agarró a sus cuatro hijos y se instaló en el Gran Buenos Aires. “Lo único que le pedí es que no me llame por un tiempo -dice la hermana-. Teníamos miedo que nos pinchen los teléfonos”. Después de unos meses se comunicó con los hermanos y les contó que estaba en Zárate. “Tenía mucho miedo de que la busquen. Y se notaba que no estaba bien después de lo que había pasado. Pero se aferró a sus hijas y salió adelante”, cuenta Andrea.

Desde Bahía Blanca dictaron el pedido de captura, y durante 12 años Rosalía estuvo prófuga de la justicia. Pero no estaba exactamente escondida. Durante esos años votó, anotó a sus hijos en la escuela, recibió aportes en el ANSES, visitó a su familia en Argerich, se puso en pareja y volvió a ser mamá.

En junio del 2019 el programa de reconocimiento facial, instalado por el Ministerio de Seguridad de Patricia Bullrich, reconoció el rostro de Rosalía en la estación de subte C de Retiro. La pesadilla volvió a empezar.

2020, el segundo juicio

El 12 de febrero pasado, a las 10.25 de la mañana empezó el juicio a Rosalía Reyes en Bahía Blanca. El Tribunal Criminal Nº 3 a cargo de juzgarla, estaba integrado por Daniela Fabiana Castaño, Eduardo Alfredo D´Empaire y Eugenio Casas.

Una mujer del Servicio Penitenciario la llevó a través del palacio de justicia, agarrándola de las esposas. Rosalía había sido trasladada desde la cárcel de Azul, a más de 300 kilómetros. Tenía puesto un pantalón celeste y una remera blanca con mariposas de colores en el centro. El pelo negro recogido en una cola de caballo se le ondulaba en las puntas. Cuando entró a la sala de audiencias le sacaron las esposas y se sentó junto a su abogada defensora, Fabiana Vannini, con los hombros para adelante, como quien sostiene todo el peso del mundo en su espalda.

Jorge Viego, el fiscal de la causa, estableció los lineamientos de la acusación. Explicó que durante el juicio iba a probar que Rosalía “a sabiendas y con intención” causó la muerte de su hija recién nacida. Que ocultó su embarazo y enterró el cuerpo de la bebé porque tenía un plan premeditado ”para deshacerse de la criatura”.

La abogada defensora replicó que la acusación fue construida sobre la base de prejuicios y opiniones sobre el rol de madre que tenía Rosalía. “Lo que se juzgará es un estilo de vida o una conducta llevada adelante como madre pobre de cuatro niños que a la luz de los ojos de gente de otra clase social no estaría bien visto”, afirmó.

Donde no había pruebas científicas había prejuicios.

Durante los dos días que duró el juicio declararon el policía a cargo de la investigación, la psicóloga que hizo la denuncia, tres vecinas, el gerente de La Gleba, un amigo de la hija mayor, el médico que hizo la autopsia y dos hermanos de Rosalía.

El médico José Daniel Toubes dijo que la bebé murió de un shock hipovolémico por hemorragia a través del cordón umbilical y que tuvo al menos dos horas de sobrevida. No pudo determinar de cuántas semanas estaba Rosalía al momento del parto. Sin embargo, de alguna forma el fiscal infirió que eran aproximadamente nueves meses, porque la bebé pesaba 3 kilos 400, sin tener en cuenta que el peso no es determinante para inferir eso.

El fiscal Jorge Viego aseguró que Rosalía era responsable porque “cualquier madre sabe que debe atarse el cordón umbilical y que si no se hace el bebé se desangra. Una mujer que ya tuvo cuatro hijos no puede ignorar que el corte umbilical debe atarse antes de cortarse”.

“Yo soy enfermera profesional hace 25 años, soy madre y no sé si sabría atar el cordón umbilical, no lo recuerdo. Lo que te causa un shock traumático, el parto, hace que no teacuerdes que tenés que atarle el cordón al bebé y después cortar”, le dice a Perycia la hermana de Rosalía.

«No se puede exigir lo imposible», le dijo Fabiana Vannini al Tribunal, «el reproche que hace el fiscal es ético, moral, pero no jurídico».

Vannini expuso los resultados de la pericia psicológica que concluía que su defendida no podía evitar lo que pasó por incapacidad psíquica, por limitaciones físicas, por cansancio, por las circunstancias que la rodeaban y por tratarse de un parto a altas horas de la noche luego de una jornada laboral extenuante. En su alegato la abogada le pidió al Tribunal la absolución.

El 19 de febrero, mientras en todo el país las mujeres salían a la calle con sus pañuelos verdes para reclamar el aborto legal y seguro, el Tribunal en lo Criminal Nº 3 bahiense condenó a Rosalía a 8 años de prisión efectiva.

Justicia patriarcal

En los argumentos de la sentencia, la Jueza Daniela Fabiana Castaño concluyó que Rosalía “evitó desangrarse ella y se despreocupó por la situación de la recién nacida”. Los jueces también estuvieron de acuerdo con el fiscal en que la madre, por el simple hecho de serlo, debía saber qué hacer con el cordón umbilical.

“En cuanto a las condiciones laborales que se mencionan en el alegato como una de las razones del deterioro psicofísico, debo decir que no se advierten como extremas ni determinantes para justificar la conducta”, sigue la sentencia.

Finalmente, sus señorías resolvieron condenar a Rosalía Reyes por el delito de homicidio calificado por el vínculo mediando circunstancias extraordinarias de atenuación.

La abogada de Rosalía asegura que los jueces tenían herramientas técnicas para absolverla, o al menos para no condenarla a prisión. La pena para el delito de homicidio es la cadena perpetua y prescribe después de 15 años, eso quiere decir que si no se juzga en ese periodo de tiempo ya no se puede juzgar. Pero cuando hay atenuantes, circunstancias que se consideran para determinar la pena, como fue el caso de Rosalía, las penas son de 8 a 25 años y se llama pena divisible. Los delitos con penas divisibles prescriben después de 12 años. Al momento del juicio ese tiempo ya estaba cumplido.

“La justicia provincial bahiense criminaliza a todo el distinto a su clase, (salvo muy pocas y dignas excepciones) a la mujer, a las trans, al pobre, al adicto”, le explica a Perycia Jorge Sayago,  defensor oficial en el distrito desde hace 14 años.”Y esto se hace más explícito cuando alguna de éstas condiciones confluyen en una misma persona, como el caso de Rosalía”.

Romper las barreras

“Desde Hijos Bahía Blanca quisimos salir rápidamente a visualizar el caso porque esta ciudad es muy particular, entre el Poder Judicial y la prensa hegemónica todo queda sepultado acá”, dice en diálogo con Perycia Alejandra Santucho y cuenta que difundieron la información que tenían sobre el caso de Rosalía en las redes sociales y a los contactos de prensa que tenían para que la información trascienda la frontera. También lo hicieron las organizaciones de mujeres bahienses. Aunando fuerzas lograron que varios medios nacionales hablaran del fallo.

Así, también, llegó el caso a la Comisión Provincial por la Memoria (CPM), que decidió presentarse como amicus curiae en la apelación que elevará Fabiana Vannini ante la Cámara de Casación Penal de La Plata. Según le adelanta a Perycia Margarita Jarque, Directora del Programa Litigio Estratégico de la CPM, uno de los ejes del planteo va a ser, “la falta de de perspectiva de género del fallo. La Comisión viene trabajando hace varios años en casos de estas características, en los que lo primero que se juzga es lo que suele llamarse «la mala madre” y donde no se tiene en cuenta la interseccionalidad de derechos vulnerados”.

Rosalía era madre, cabeza de familia, víctima de trabajo forzado, estaba sola con sus cuatro hijos. La confluencia de esas vulnerabilidades la ponen en un estado de particular indefensión frente al acceso a la justicia. Y esas circunstancias son las que, precisamente, obligan al Estado a garantizar una mayor protección, un plus o extra de cuidados y garantías. Pero en la sentencia de Rosalía estas consideraciones aparecieron sólo para condenarla al mínimo legal de la pena.

Jarque aclara que en su presentación seguramente van a tomar como precedente el caso Reina Maraz Bejarano, una migrante boliviana que no entendía el español porque solo hablaba en Quechua. Estaba presa acusada de matar a su marido. La causa de Maraz Bejarano se desarrolló sin tener en cuenta que era víctima de violencia de género. Tampoco repararon en que no podía defenderse porque no entendía nada de lo que estaba pasando.

En ese caso la CPM, además de pedirle a la Suprema Corte bonaerense que asignara un traductor para la apelación, trabajó en visibilizar la falta de perspectiva de género de los actores judiciales. “No se comprende que la perspectiva de género no es una opción si no que es una obligación -aclara Jarque-. Muchas veces la justicia ve el hecho en sí mismo sin ver el contexto”.

Graciela Hernández y Jéssica Visotsky, profesoras e investigadoras en la Universidad Nacional del Sur hicieron un informe técnico para la presentación de la Comisión Provincial por la Memoria. En el documento se explica que Rosalía estaba muy temerosa de perder el trabajo. Cuando nació su último hijo Rosalía tuvo que retomar su puesto en el frigorífico a los 15 días. No quería volver a pedir licencia.

“En el informe hablamos de las múltiples violencias que sufrió en su vida Rosalía. Mujer pobre, hija de migrantes, madre sola -explica Jessica Visotsky-. Todos los atravesamientos del patriarcado caen sobre los cuerpos y acá cayó con todo el peso de la justicia también. El Estado revictimiza a esta mujer que sufre de opresión social, económica, cultural, laboral y patriarcal”.

El Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la provincia de Buenos Aires también coincide en que no se aplicó la perspectiva de género. Sabrina Cartabia es la abogada designada por el Ministerio para articular con la defensora de Rosalía y apoyar la apelación con argumentos, doctrina, jurisprudencia nacional y documentos de organismos de derechos humanos.

Cómo sigue

Rosalía tiene 47 años y lleva 9 meses presa. El miércoles 4 de marzo, diferentes agrupaciones feministas y mujeres autoconvocadas se manifestaron en Tribunales de Bahía Blanca para exigir la libertad. “Basta de justicia misógina”, “anulación de la condena ya”, decían los carteles pegados en la entrada. Ese mismo día Fabiana Vannini presentó un habeas corpus por detención arbitraria ante la Cámara de Apelación. El pedido fue rechazado en menos de 24 horas. Ese mismo día Vanini, junto al defensor ante el Tribunal de Casación Penal de la Provincia de Buenos Aires Mario Coriolano, solicitaron la prisión domiciliaria.

El viernes la Cámara de Diputados de la Nación declaró su repudio al fallo que condenó a Rosalía. Uno de los párrafos del texto dice: “Claramente es este estado patriarcal que con sus leyes decide exigirle a una madre que sea buena con sus hijos, aplicada con su embarazo, deseado o no, trabajadora informal para que nada le falte, y que sepa parir, y en caso de ser necesario, salvar su vida, y todo lo haga sola, sin ningún acompañamiento y sin el derecho a decidir”.

También enviaron una nota de repudio al Tribunal unas sesenta organizaciones y asociaciones de todo el país, la mayoría relacionadas con la violencia obstétrica, los derechos de las mujeres y la niñez. 

Esta mañana se realizó la audiencia para definir si se le concederá la prisión domiciliaria. Aunque la situación procesal no se resuelva inmediatamente, la defensa tiene expectativas.

Por la tarde, en el marco del Paro Internacional de Mujeres, se realizará el acto central en los tribunales bahienses para pedir la libertad de Rosalía.

“Yo espero que salga porque es inocente. Esperemos que el juez y el fiscal puedan ablandar su corazón -se ilusiona la hermana de Rosalía-. Me gustaría que pueda andar libre, no perseguida, no con una pulsera. Ella no es una criminal”.

Leé la segunda parte de esta investigación. El frigorífico donde Rosalía trabajaba 16 horas diarias y dependía de la Universidad Nacional del Sur. Qué dicen sus autoridades.

La Gleba SA, el frigorífico de la UNS que explotaba a Rosalía Reyes