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Entrevista

Pepe Mateos: “Siempre me involucré con los climas de época”

A 20 años de la Masacre de Avellaneda, hecho que marcó su carrera, el fotoperiodista habló con el Colectivo fotográfico SADO y con Perycia sobre los cambios y desafíos que existen dentro de la profesión. “No creo que la fotografía vaya a hacer ninguna revolución, pero sí puede ser parte”, concluye. 

Por: Colectivo fotográfico SADO y Redacción Perycia
Foto: Gentileza Pepe Mateos
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José “Pepe” Mateos era fotógrafo de Clarín en 2002 cuando presenció los asesinatos a sangre fría de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, dos jóvenes militantes del Movimiento de Trabajadores Desocupados. “La crisis causó dos nuevas muertes” fue el título que acompañó la foto de Pepe, sin embargo, el resto de los registros donde podían identificarse a los asesinos fueron omitidos por Julio Blanck, editor jefe del diario.  

Su fotografía fue prueba indispensable para que la Justicia pudiera reconstruir el crimen. Habló con Perycia sobre el rol que ocupa su profesión en la actualidad y la importancia de pensar la fotografía como una herramienta para el cambio social. 

¿Qué sucede cuando la imagen es tan sincera que no puede ser manipulada? 

La imagen tiene un poder que funciona más allá de los textos que se te quieran dar. Eso sucede. Yo tenía una frase que decía que “las fotos en los medios funcionan como el inconsciente, dicen lo que no se puede decir”. Eso fue lo que sucedió mucho durante la dictadura: los fotógrafos usaron formas muy elípticas para contar lo que no se podía contar. La imagen decía lo que no se podía escribir. Se generan discursos muy fuertes a partir de la imagen y a veces no son con la intención original, o se dispara otra cosa, pero concentra y cataliza un sentido. 

¿De qué manera crees que cambió el rol de los medios tradicionales a lo largo de estos 20 años? ¿Qué horizontes crees necesarios para fortalecer el periodismo alternativo?

El rol de los medios tradicionales cambió, como cuando las revistas ocuparon un rol muy importante. Porque en ese momento hacían un periodismo con cierta profundidad, cierta intencionalidad desde distintos lados. A partir de los ‘70 con el auge de la televisión las revistas dejaron de tener el poder que tenían. Es muy interesante, yo siempre recomiendo ver la película Minamata donde Johnny Depp interpreta a Eugene Smith, uno de los grandes fotoreporteros de la historia, y ahí está muy claramente plantado el final de las revistas. 

Los diarios tuvieron un gran momento en los ‘90 y la decadencia comenzó por la aparición de Internet, la salida de la publicidad de los diarios, los achicamientos de los equipos. La alternativa en gran parte son medios más chicos, con otros intereses no tan inmediatos y compromisos más a largo plazo. Con otro tipo de visión, que no es solo de entretenimiento sino de entender la realidad, poner en evidencia otras cuestiones que no son tan fáciles en medios que están comprometidos con algún tipo de poder. 

EN SINTONÍA CON LA CALLE

¿Qué experiencia laboral recordás que haya marcado tu carrera? 

Hay muchas cosas que me influyeron, en el sentido de que hacía fotos para una nota y me habilitaban una forma de fotografiar que no había hecho hasta el momento. Cuando veía que funcionaba algo, lo incorporaba a mi forma de trabajar e iba sumando. No estaba muy conforme, siempre hay cosas muy estructuradas en el periodismo, en el cine: ya se sabe que “el fútbol se hace así” o “la marcha se hace así”. Ir encontrando cierto lenguaje personal te da una sustancia distinta.

Después hubo un montón de cosas que me marcaron. Cuando yo trabajaba en Neuquén y tenía que ir a Piedra del Águila o cubrir cuestiones vinculadas a los sindicatos, me resultaron muy estimulantes. Después empecé en Buenos Aires, en la época del principio del menemismo y las privatizaciones fueron muy fuertes también. Siempre me involucré con los climas de época, son muy importantes. 

Obviamente que la Masacre de Avellaneda fue un quiebre total. Que no es un quiebre aislado, después de lo que sucede el 19 de diciembre —que la gente sale a la calle después del discurso de De la Rúa— en medio de toda esa debacle política que venía arrastrando la desazón del menemismo, la Alianza no me había gustado nada, y ahí hay una sintonía de mi trabajo con lo que estaba sucediendo en la calle. Entonces, no es que es un hecho sino que hay una forma en la que me involucro. Y cuando eso sucede, lo rescato como algo que es valioso. 

La fotografía de alguna manera te vincula con las vivencias de otras personas y con el dolor de los familiares de las víctimas. En el caso de Dario y Maxi, tus imágenes fueron claves para el juicio, ¿eso generó alguna relación particular con los familiares?

La fotografía me vincula con un montón de gente, a veces desde lo artístico o lo social, eso es algo muy rico. Genera una corriente de cosas, más cuando tenés registradas vidas de personas que ni siquiera saben que los estaban registrando. En el caso puntual de Darío y Maxi no tengo un vínculo muy profundo, pero he charlado muchas veces con Alberto (Santillán), con Leo (Santillán), con algunos compañeros del Frente (Darío Santillán), con Vanina (Kosteki). Tengo una relación no profunda, pero sí de cercanía y afecto. 

PENSAR LA PROFESIÓN

¿De qué manera influyó dentro del fotoperiodismo el caso de Cabezas? 

No sé si influyó en algún aspecto estético o metodológico. Si influyó en la consciencia del poder de un periodista comprometido. Comprometido con algo que le parecía importante, conseguir la foto de un personaje que estaba trabajando en las sombras para consolidar algo. José Luis queda visibilizado por eso en medio de un saldo entre poderes, que no se sabe bien cómo es. 

Lo que hace el fenómeno es darnos un valor, que ya estaba también en muchos aspectos porque el rol que cumplieron los fotoperiodistas en la salida de la dictadura fue importantísimo, también en los primeros años de la democracia, con montones de cosas la fotografía fue clave para poner en evidencia ciertos temas y personajes. 

¿Y en la cobertura de la crisis del 2001?

En la cobertura de la crisis de 2001 también está la aparición de los colectivos independientes. Los fotógrafos independientes le dan un dinamismo interesante a la cobertura de las crisis y de los fenómenos sociales, por fuera de los medios y con otro tipo de compromiso. A partir de los 2010 se empieza a generar un tipo de fotoperiodismo más involucrado con los temas, con un poco más de profundidad.

¿Qué derechos quedan aún por conquistar en tu profesión?  

Yo creo que los derechos por conquistar, en el caso de los que trabajamos en los medios, es el de disponer de nuestro archivo, de lo que fotografiamos, porque el archivo con los años comienza a tener un valor que nosotros antes no entendíamos. Después el derecho a que se pague el trabajo, porque hay una gran precarización de la profesión y muchos medios utilizan la fotografía como si fuera algo que cualquiera puede usar o que está en cualquier lado. 

INSTRUMENTO PARA EL CAMBIO

Y, ¿cuál es tú consideración en relación a la criminalización de la protesta y de los fotoperiodistas sucedida en el gobierno anterior?

El tema de la criminalización de la protesta, todo lo que intentó el gobierno de Macri con Bullrich era ridículo. Tenía cierta inspiración en algunos proyectos europeos como la ley mordaza de España, pero estaba destinado a que no sucedieran cosas como lo que pasó en Avellaneda: que los fotógrafos pusieramos en evidencia lo que hacían las fuerzas. 

¿Crees que la fotografía puede ser un instrumento para el cambio social? ¿Y para el cambio personal? ¿Por qué?

Creo totalmente que forma parte del cambio social, no lo va a producir pero es un instrumento. Es un aporte al cambio social. Por ejemplo, para mí uno de los mejores fotoreportajes de la historia argentina es el trabajo de Pablo Piovano, “El costo humano de los agrotóxicos”, y yo creo que ese trabajo pone bien en crudo el efecto de algo que estaba sucediendo, y ahí es innegable el poder que tiene la fotografía. Ese es uno de los casos más claros que hay. A veces, yo no sé si uno cree que va a producir el cambio social a través de la fotografía, pero es la manera que uno tiene a mano. No creo que la fotografía vaya a hacer ninguna revolución, pero sí puede ser parte. 

Y en lo personal, siempre la fotografía te modifica. Vos modificás lo que fotografías, y te modifica a vos porque algo se incorpora, es una experiencia que atravesás. Y atravesás esa experiencia a través del mirar, si miras intentando entender algo la fotografía te transforma. Todo lo que vas viviendo te va transformando, y la fotografía es una forma de estar viviendo. 

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